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No desaprovechar lo que se ha logrado

[08-07-2009 08:02:01] Los últimos acontecimientos ocurridos en el ámbito agropecuario han planteado innumerables interrogantes en cuanto a actividades y manejos a adoptar en el futuro. Se debe ser cuidadoso al tomar las decisiones. Muchos productores están abandonando los planteos en SD logrados a través de varios años perdiendo las ventajas alcanzadas, para intentar reducir costos a través del empleo de ciertas labranzas y disminuir las dosis de fertilizantes a emplear.

La región mixta cerealera del sur bonaerense, área de influencia de la Chacra Experimental de Barrow, registró en los últimos años un marcado incremento de la superficie dedicada a la agricultura. Un factor fundamental para que esto suceda fue la mejora en el precio de los granos que estuvo acompañada por el aumento de productividad de los cultivos sustentado en avances tecnológicos (genética, agroquímicos, mecanización).

En sus inicios, ese cambio paulatino hacia ciclos agrícolas más prolongados no siempre fue acompañado por adecuadas prácticas de conservación y manejo de suelos lo que representó, para muchas situaciones, un proceso de degradación que comprendió la pérdida de fertilidad química y el deterioro físico de los suelos.

Se hizo necesario ajustar y desarrollar nuevas prácticas de manejo de los cultivos como reducir labranzas, reponer nutrientes y conservar el agua, con el propósito de disminuir la mayor sensibilidad que adquirió el sistema, el cual acusaba rápidamente impactos desfavorables (climáticos o económicos) que aumentaban el riesgo.

La siembra directa

La introducción del sistema de Siembra Directa (SD) obedeció a la búsqueda de esas nuevas prácticas. Su difusión en la zona se registró tardíamente comparada con otras de la Región Pampeana. Sin embargo, el crecimiento de la superficie con esta tecnología ha sido constante en los últimos años y fundamentalmente diversificado: trigo pan, candeal, cebada, colza, avena como verdeo o grano, maíz, girasol, sorgo y soja han sido incorporados en diferentes esquemas productivos bajo el sistema de SD. Esto marca una gran diferencia con áreas donde la superficie en SD es muy alta pero basada en la rotación trigo/soja de 2ª o monocultivo de soja.

La diversidad de suelos con que cuenta la región ofreció resultados iniciales dispares en lo que hace al comportamiento de la SD. En suelos livianos, con textura franca o franco-arenosa, la incorporación de la técnica presentó resultados muy interesantes desde un comienzo, mientras que en suelos más pesados (arcillosos) fue necesario evaluar una mayor cantidad de años para reconocer las ventajas que el sistema produce. Lo mismo ocurrió con la participación de la ganadería en los esquemas de SD ya que inicialmente surgieron dudas respecto a la evolución de la cobertura superficial, al efecto del pisoteo por los animales y a la inclusión de cultivos forrajeros en las secuencias agrícolas.

Todos los interrogantes planteados en un comienzo pudieron ser respondidos a través de los resultados que brindan los ensayos de rotaciones que se conducen en la Chacra Experimental Integrada Barrow y de las experiencias recogidas en un gran número de establecimientos que adoptaron este sistema de producción.

La SD y el agua

El sistema de SD modifica el ambiente físico y químico del suelo respecto de los sistemas convencionales. Como no se efectúan labranzas, se produce en superficie la acumulación de rastrojos de los diferentes cultivos que integran la secuencia, y en profundidad se desarrolla una red de canales y poros que mejoran sustancialmente la  infiltración y retención de agua. Este proceso requiere de varios años para ir alcanzando cierta estabilidad, permitiendo mejorar la capacidad de almacenamiento de agua, factor de suma importancia sobre todo para aquellos suelos con escasa profundidad (someros).

El aporte de residuos vegetales es un factor importante para el mantenimiento de algunas propiedades del suelo. Esa cobertura lo protege del impacto de la gota de lluvia, que al descargar su energía sobre los residuos, evita la destrucción de los agregados superficiales del suelo favoreciendo la infiltración. Se disminuye así el inicio del proceso de erosión hídrica que se produce a través del escurrimiento hacia zonas más bajas del relieve. De este modo, al mejorar la infiltración, se acumula más agua en el perfil del suelo.

Una buena cobertura también favorece al sistema, reduciendo las pérdidas por evaporación directa desde el suelo (menor exposición al sol y protección de la acción erosiva del viento), disminuyendo la temperatura y la luminosidad y aumentando el contenido de humedad en los primeros centímetros del suelo, lo que favorece la actividad microbiana.

Mayor almacenaje y menor evaporación permiten disponer de más agua en el suelo para lograr un mejor desarrollo de los cultivos. Si consideramos los suelos predominantes y las condiciones climáticas de la región centro sur bonaerense de los últimos años, debemos considerar con mucha atención la continuación del sistema de SD.

Rotaciones

La SD como sistema de producción sustentable tiene en la rotación de cultivos una de las herramientas más importantes y válidas para potenciar el funcionamiento de los agroecosistemas. La rotación de cultivos genera efectos inmediatos sobre el ciclo de los nutrientes y su disponibilidad para los cultivos que siguen en la secuencia. Sin embargo, los principales efectos se dan en el largo plazo y están asociados a la dinámica de la materia orgánica del suelo.

La secuencia de cultivos implementada tiene una importancia trascendental pues se establecen diferencias en el volumen y calidad de los residuos aportados al suelo, influyendo también la periodicidad con que se repiten los cultivos. Es necesario incluir cultivos que aporten buena cantidad de rastrojos con alta relación Carbono/Nitrógeno (gramíneas) para asegurar su perdurabilidad, y también prácticas de manejo como la fertilización, que garanticen una elevada producción de materia seca.

Si la SD es ajustada a las condiciones locales con un adecuado manejo agronómico, se pueden lograr rendimientos de los cultivos similares o superiores a los logrados con el sistema convencional.

El complemento ideal para lograr una mayor estabilidad es incorporar diversidad a las actuales rotaciones, sumando cultivos alternativos que posibilitan lograr un beneficio ecológico positivo y al mismo tiempo mejorar la rentabilidad potencial de muchas empresas.

La actual campaña

En virtud de lo acontecido en la campaña que finalizó recientemente donde se sumaron bajos valores de comercialización de los granos, elevados precios de insumos, retenciones, etc., agravado por la intensa sequía que dominó el ciclo de todos los cultivos, los rendimientos de indiferencia superaron los rindes alcanzados en la mayoría de los cultivos. Cuando la agricultura se realizó sobre campo arrendado el quebranto fue mayor.

Esto ha marcado notablemente el accionar de muchos productores que están abandonando los planteos en SD logrados a través de varios años perdiendo las ventajas alcanzadas, para intentar reducir costos a través del empleo de ciertas labranzas y disminuir las dosis de fertilizantes a emplear, buscando acelerar la mineralización de la materia orgánica y liberación de nutrientes desde el suelo.

Además, se están dejando de lado las rotaciones o secuencias programadas para cada lote buscando la realización del cultivo que ofrezca bajo costo de producción y aceptable precio esperado a cosecha.

Es cierto que la realidad productiva de la actual campaña incluye una importante dosis de incertidumbre político-económica. Sin embargo, en función de los posibles escenarios productivos es importante establecer la necesidad de no bajar la productividad de los cultivos.

Para ello no se debe renunciar a la aplicación de tecnología. Debemos asegurar una producción sustentable para cada sistema de producción ajustando tecnologías basándonos en los conceptos básicos de aprovechar los recursos naturales de acuerdo a su aptitud y buscar rotaciones de cultivos ambientalmente amigables y económicamente atractivas.

En este aspecto hoy más que nunca, alcanza suma importancia la figura del propietario de la tierra. En esta campaña no deberá priorizar obtener el mayor arrendamiento anual sino que el criterio más lógico sería producir en conjunto con el arrendatario. Esta integración debe contemplar la rotación de cultivos y priorizar la sustentabilidad del sistema, a pesar que se reduzca su ingreso.

Las decisiones que se tomen en la búsqueda de una agricultura rentable deben estar contempladas dentro de procesos racionales donde resulta fundamental conocer cuáles son las limitaciones de cada sistema de producción, las alteraciones que se producen sobre el mismo y en base a ello, aplicar prácticas de manejo que recuperen el potencial productivo y permitan seguir avanzando con una visión integral que atenúe los riesgos.

Es necesario que la productividad de los cultivos y la rentabilidad de la empresa interactúen con el principio de sustentabilidad. Es un error conceptual definir estrategias agronómicas y empresariales basadas en el análisis económico de los márgenes por cultivo, ya que a menudo nos llevan a un camino equivocado con resultados productivos en decadencia y en el largo plazo inestabilidad empresaria.

Por lo tanto es importante considerar el análisis de todo el sistema de producción y a partir de allí evaluar los posibles caminos a seguir que permitan aprovechar las enormes posibilidades que ofrece la incorporación de tecnología para contribuir al desarrollo de un sistema agrícola sustentable, tan importante para el futuro de la región.

*Informe: ingenieros Horacio Forján y Lucrecia Manso. Chacra Experimental Integrada Barrow

Fuente: La Voz del Pueblo