[14-08-2010 07:54:44] Especialistas neozelandeses recorrieron tambos e industrias santafesinas para evaluar posibles acciones de cooperación. La experiencia podría derivar en una próxima visita con propuestas concretas de intercambio.
Días atrás, un grupo de especialistas lecheros neozelandeses recorrió tambos e industrias santafesinas con la intención de analizar posibles intercambios entre su país y la provincia. El camino recorrido los llevó por San Genaro, San Carlos Centro, Gobernador Crespo, Esperanza y Rafaela, para finalizar en Rosario con un workshop en el que el gobernador Binner y el embajador Darryl John Dunn firmaron un convenio con el objetivo de “posicionar mejor a la producción láctea de la provincia”.
La delegación -que también dio una charla en la Facultad de Ciencias Veterinarias de Esperanza y visitó las instalaciones del Inta en esa ciudad como las de Rafaela- estuvo compuesta por Michel Spaans, directos de Innovation Waikato, empresa orientada a suministrar “soluciones tecnológicas” a la cadena lechera; además de Brent Boyce y Sue Hagenson, ambos directivos de New Zealand Farming System, empresa de capitales neozelandeses que explota unos 30 tambos en Uruguay.
“Vinieron a conocer nuestro sistema de producción lechera e industrial como para llevarse una imagen del país en la materia”, explicó la doctora Gabriela Pérez, coordinadora de la Cadena Láctea Santafesina, y agregó que “la idea original era que, según el resultado que obtuvieran, hicieran una visita posterior con otro tipo de gente”. Aparentemente, a fines de septiembre podría volver otra delegación con propuestas concretas de intercambio.
Algunas sugerencias
Luego de visitar tambos y plantas lácteas en el centro norte provincial, Spaans se manifestó sorprendido por la capacidad de la industria local. En Gobernador Crespo, departamento San Justo, comentó que en su país existen enormes planta que pueden llegar a procesar 1 millón de litros diarios de leche para un sólo producto, mientras que Tregar —por ejemplo— elabora 96 artículos con un recibo de 480.000 litros al día. “En Argentina, ser monoproductor es muy riesgoso”, le explicó el gerente de Producción de la firma local, Cristian Micheloni.
Luego de recorrer varios tambos, Spaans, quien ordeñó durante 20 años junto a su esposa, analizó desde su óptica el sistema local. Le pareció que se necesita más inversión en producción de pasto, manejo de cultivos y suelo; mientras que en el aspecto genético consideró que el Holstein Frisio tradicional no es el tipo de vaca necesario en la región. También opinó que el proceso de ordeñe requiere mejor planificación e inversiones para hacerlo más eficiente.
Como titular de una firma dedicada a brindar soluciones tecnológicas, sobre estos puntos Spaans propuso invertir en el desarrollo de sistemas de producción que mejoren el volumen de materia seca (MS) producida dentro del propio establecimiento. En el ordeñe, trabajar con sistemas más mecanizados, más rápidos y eficientes. Y en el aspecto genético buscar animales que sean mejores utilizadores de la producción de pasto en el predio y no tanto buenos transformadores de granos “porque ésa no va a ser la fuente de eficiencia del futuro, sino el alimento producido dentro del predio”.
“Ellos dicen que nuestro ganado, que es más americano, no aprovecha todo lo posible la pastura y que los animales más chicos toman más de abajo la planta”, comentó la doctora Pérez, quien relató además que los neozelandeses mencionaron que la vida útil de sus vacas alcanza a 5 lactancias, contra 3 en la Argentina.
Un modelo diferente
En Esperanza, los visitantes se encargaron de explicar cómo producen y qué realidad viven en Nueva Zelanda, ante un auditorio conformado por funcionarios, técnicos, asesores, tamberos y hasta una delegación de veterinarios colombianos.
Hagenson detalló que los pilares centrales son el pasto, la vaca y la gente, “quizás el más importante”. Se usan las variedades de Raigrás, Trébol blanco y Brassica, que crecen todo el año con calidad suficiente para proveer proteína y energía suficiente y que son recolectadas únicamente por los animales.
Las pariciones están sincronizadas con el crecimiento del pasto y es por ello que la vaca no sólo tiene que parir una vez cada 365 días, sino que es indispensable tener un alto índice de preñez. En líneas generales, “cuanto más pasto por hectárea logra consumir un productor, mejor resultado económico consigue”, aseguró.
El 85 % de las vacas neozelandesas sólo pastorea directamente y el resto recibe alguna suplementación. “La tonelada de maíz vale U$S 350”, recordó la ingeniera, y por eso últimamente están usando expeller de palma, por la cercanía con Malasia, el mayor productor mundial.
Sobre el recurso humano, destacó el sistema de sharemilking que le permite al trabajador del tambo ir comprando sus animales y lograr ser propietario de su propio establecimiento. Además, “la participación del productor a todos los niveles es lo que hace que funcione exitosamente todo el sistema”.
En el ordeñe, los neozelandeses recomendaron a los argentinos trabajar con sistemas más mecanizados, más rápidos y eficientes. Y en el aspecto genético, buscar animales que sean mejores utilizadores del pasto.
La clave es el conjunto
En términos productivos, existen muchas similitudes entre las lecherías de Argentina y Nueva Zelanda, pero también varias diferencias que terminan por posicionar a los oceánicos algunos escalones arriba.
En términos comparativos, ambos países producen con una cantidad similar de establecimientos, mientras la diferencia se nota en la productividad de cada uno. En Argentina, la cantidad de tambos suman alrededor de 11.700 y producen al año poco más de 10.000 millones de litros. En Nueva Zelanda, son 11.400 pero con un promedio de producción total de 14.700 millones de litros.
La clave es la carga animal y la producción por hectárea. Gracias al tipo de vaca que han desarrollado para amoldarla a su sistema, los neozelandeses trabajan con unos 2,8 animales por hectárea contra 1,16 en la Argentina. Y a pesar de que nuestros tamberos logran, en promedio, 4.450 litros por vaca al año contra 3.500 de los extranjeros, cuando la producción de leche se mide por hectárea en las islas de Oceanía consiguen 9.800 contra 4.950 de los argentinos.
Fuente: El Litoral