[30-08-2010 07:36:40] El volumen de inversión de compañías chinas en Latinoamérica avanza rápidamente, como también las exportaciones de la región hacia Pekín. Sin embargo, la posición dominante del gigante asiático le permite inclinar la balanza comercial a su favor e imponerse a las industrias locales.
Los tiempos se aceleraron. Se esperaba que China superara a Japón como segunda economía mundial, pero no tan rápido. El desplazamiento ya es un hecho.
Diez años atrás, Pekín era la séptima economía del planeta, pero su gran desarrollo potenciado desde 2001 le permitió alcanzar una tasa de crecimiento acumulado de 261 %, contra un 5 % de Japón en el mismo período.
Pero la evolución va a continuar hasta que desplace a Estados Unidos del primer lugar, hecho que el Banco Mundial predice va a suceder antes de 2020.
China es uno de los países más voraces en cuanto a recursos energéticos y alimentos, ya que debe sostener su acelerado desarrollo para evitar una catastrófica contracción.
Mediante la energía abastece a sus activas industrias, que le brindan el imparable crecimiento mientras los alimentos que importa le sirven para nutrir a sus 1.300 millones de habitantes.
Además, los productos agrícolas primarios son transformados por Pekín en manufacturas que se exportan y que además brindan un valor agregado a la industria china.
UNA SOCIEDAD QUE SE PROFUNDIZA
La relación entre Pekín y Latinoamérica ha estado marcada por el intercambio económico, pero también por medidas que entorpecieron el desarrollo del comercio bilateral.
Las exportaciones latinoamericanas a China aumentaron de 10 mil millones de dólares en 2000 a 140 mil millones en 2008. El año pasado sufrieron una leve caída por los efectos de la crisis mundial, pero se espera que en 2010 alcancen niveles mayores a los de 2008.
Para 2014 se prevé que China desplace a la Unión Europea como segundo socio comercial de la región, ubicándose detrás de EE.UU.
En tanto, los millonarios convenios firmados por Pekín con sus socios latinoamericanos durante este año revelan la tendencia de que los lazos se están estrechando aun más.
A principios de 2010, China otorgó a Venezuela un crédito por 20.000 millones de dólares, que va a ser invertido en su mayoría en el sector petrolero, y realizó fuertes inversiones en las minas de hierro de Brasil. Pekín consume la mitad de hierro que el mundo produce.
Además, Brasil y China profundizaron las relaciones energéticas entre las dos petroleras nacionales: Petrobrás (Brasil) y Sinopec (China). Días atrás, el gigante asiático anunció que iba a extenderle a Ecuador un crédito de mil millones de dólares para realizar proyectos de energía, petróleo y telecomunicaciones.
Asimismo, en los últimos tres años Pekín firmó tratados comerciales con Chile, Perú y Costa Rica. El acercamiento de China a la región llegó a tal punto que tanto Brasil como Chile tienen como principal cliente a Pekín.
Argentina es el tercer exportador de soja a China, después de EE.UU. y Brasil. Además, Buenos Aires le vende cuero, petróleo y guano. Pero Pekín, además de Venezuela y Brasil obtiene hidrocarburos de Argentina, Colombia y Ecuador.
TRABAS PARA EL DESARROLLO
El principal obstáculo que América Latina enfrenta cuando firma un tratado comercial con China es la compra de miles de productos chinos de escaso valor, lo que afecta a las industrias regionales.
La mano de obra barata es uno de los pilares en los que se basa la economía china, porque los derechos de los trabajadores no son respetados por la dictadura del partido único, favoreciendo así a la macroeconomía. Los obreros no pueden doblegar al gobierno, que otorga concesiones a empresas multinacionales para que se establezcan en su territorio por el bajo costo de los salarios locales.
Además de que la balanza comercial con América Latina esté inclinada a favor de China, dado que el volumen de productos que la región importa supera a los que exporta, existe una competencia desleal de parte de Pekín, que impone sus reglas por estar ubicado en una posición económica mucho más ventajosa que los países latinoamericanos.
Por ejemplo, la industria textil mexicana se vio seriamente afectada por la prendas de vestir manufacturadas provenientes de China, a precios con los que los productores de México no pueden competir.
Por eso, varios países implementaron medidas antidumping, para evitar la sobreabundancia de productos baratos chinos. Brasil fue el primero, luego Argentina siguió con impuestos a la industria liviana, textil, maquinaria y electrónica proveniente de Pekín.
Para disuadir a Brasil de que intente imponer medidas similares, China castigó a Buenos Aires en abril evitando la compra de aceite de soja argentino, que cubría el 80 % de las necesidades de Pekín.
En consecuencia, el precio de este producto se derrumbó, pero Buenos Aires encontró a otro voraz comprador: India. Sin embargo, el ministro de Agricultura argentino, Julián Domínguez, anunció días atrás que antes de fin de año, China volvería a comprar el aceite de soja.
TAREAS PENDIENTES
La región debería negociar el intercambio comercial con China en bloque y no separadamente, para que los países latinoamericanos adquieran una mayor fortaleza ante esta potencia emergente. Además, para nivelar la balanza comercial, América Latina tendría que dejar de lado la producción de una parte de las commodities y concentrarse en exportar manufacturas, para que la relación comercial con China tienda a igualarse.
Se deberían destinar, también, las inversiones latinoamericanas a mejorar la infraestructura, la planificación y el transporte de mercancías para maximizar las ganancias y reducir los costos.
Otra medida importante, sería la diversificación de los productos exportables, ya que si se llegase a producir otro boicot por parte de China a algún producto, la variedad impediría una peligrosa caída de los precios de las materias primas.
Como toda potencia económica, Pekín arrasa con sus reglas, que en algunos casos llegan a ser “neocolonialistas”, tal como las calificara el presidente brasileño Lula da Silva antes de su reunión con su par chino en abril.
América Latina debe aceptar que con China no se puede competir, sino que se debe aprovechar su sed de productos latinoamericanos y, al mismo tiempo, saber contenerla para evitar que su posición de ventaja vulnere a las industrias locales. Dejando de lado esos obstáculos, el futuro de la relación entre ambos socios se vislumbra como muy fructífero.
Fuente: Observador Global.com