La cría bovina tiene sus propios desafíos. Tradicionalmente relegada a los campos de menor aptitud, suele practicarse en forma extensiva sin demasiada tecnología aplicada. Quienes cuentan con escala suficiente logran “disimular” con volumen de producción alguna ineficiencia en el manejo del rodeo. Pero los productores chicos o medianos no tienen esa posibilidad y están obligados a incorporar nuevas herramientas que les permitan mejorar los indicadores y hacer sustentable su empresa.
En San Cristóbal, el distrito más ganadero de la provincia -con 1.1 millones de cabezas-, buena parte del territorio es de baja capacidad productiva y se nota en los números de la mayoría de los criadores. Por eso desde la Agencia de Extensión Rural (AER) del INTA -con jurisdicción sobre unas 950.000 hectáreas en el este del departamento- se propusieron probar técnicas que les sirvan a los productores para conseguir más terneros.
Comenzaron en 2004 alquilando un campo en Las Avispas, en el noreste del departamento, casi llegando a los Bajos Submeridionales, y en poco tiempo lograron resultados superiores a la media de la zona: la tasa de preñez se elevó de 53.8% a 91.41% y la producción de carne por hectárea creció desde casi 30 kg/ha (29.2) a 80 en los últimos años, con picos de 100.
Las herramientas utilizadas: separación del rodeo por categorías, estacionamiento del servicio y destete anticipado (precoz, hiperprecoz y temporario); además de otras prácticas como capacitación del personal, suplementación invernal, pastoreo diferido de Grama Rhodes e Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF).
Modelo a escala
Juan Iberlucea (ingeniero agrónomo, jefe de la AER) e Ivana Diruscio (veterinaria) son los responsables de la Unidad Experimental de Cría Bovina La Palmira, que marcha por decisión de la EEA INTA Rafaela -de quien depende orgánicamente la AER- con el aporte económico de su cooperadora y el soporte técnico de especialistas como Martín Maciel (especialista en reproducción bovina) y Luis Romero (experto en pasturas), entre otros profesionales del organismo.
Cuando se iniciaron los trabajos la premisa fue probar diferentes técnicas bajo las mismas condiciones en las que trabajan los productores de la zona. Por eso se tomó este campo de 634has (aproximadamente, el tamaño de la Unidad Económica y el que manejan muchos ganaderos), con escaso personal (un sólo empleado, Daniel Rojas), alejado de los puntos de aprovisionamiento, sin infraestructura (pocos potreros, sin aguadas ni energía eléctrica) y en alquiler.
Con características agroecológicas de “sabana parque” y monte abierto, el establecimiento tiene las mismas limitaciones que sus vecinos: suelos anegables con napas altas y alto contenido de sales, factores que dificultan la utilización de pasturas y la siembra de cultivos agrícolas para alimento animal. La poca escala y los problemas de acceso también conspiran, ya que los contratistas prefieren tomar trabajos menos complicados.
Como el fin último es darle herramientas a los productores para hacer sustentables sus explotaciones, también incorporaron la actividad apícola para aportar al ejercicio económico de la empresa.
Todo bajo control
Sobre la superficie total del campo, el 5% (29has) lo ocupan lagunas semipermanentes con vegetación acuática; el 11% (70has) está implantado con Grama Rhodes; el último verano se usaron 18has (3%) para implantar sorgo que luego se picó y se dio a los animales como ración; y unas 10has de melilotus se usan en invierno. El resto es pasto natural y monte. La existencia total de hacienda, toda brangus 3/8, alcanza a 467 cabezas, contando vacas y vaquillonas más 12 toros. El equivalente vaca por hectárea (EV/ha) es de 0.64.
“La Palmira nació experimental pero la idea es que llegue a ser demostrativa; por ahora mostramos técnicas aisladas, no el sistema completo porque hay cosas que tenemos que ir ajustando todavía”, comentó a Campolitoral Juan Iberlucea. Por ejemplo se estaciona el servicio de 3 a 4 meses con inseminación; se hace tacto antes, durante y al final del servicio para determinar preñez y condición ovárica; se evalúa condición corporal; se pesan vaquillonas, terneros y terneras; y se suplementan las vaquillonas en el primer invierno (y en el segundo según la necesidad). También se utiliza el cerco eléctrico y se hace control de venéreas.
Para manejar mejor la carga y optimizar la alimentación es que se separa el rodeo por categorías. Vacas adultas, vaquillonas de primer servicio, vaquillonas preñadas, terneras y toros cada uno en un potrero diferente. “Así podemos decir que tal categoría está comiendo mejor porque le estamos asignando más hectáreas”, sintetizó Iberlucea.
“En el tema sorgo estamos analizando; pudimos hacer silo este año pero tenemos muchos problemas de piso para sembrar y picar; y de oferta de servicios, porque no tenemos ni pulverizador ni picador en la zona”, advirtió el titular de la AER.
Precoz, hiperprecoz o temporario
El profesional afirma que “las vaquillonas son las niñas bonitas”, ya que reciben los mayores cuidados -sobre todo suplementación, con balanceados, expeller o semilla de algodón- de modo tal de preñarse a los 24-27 meses y 300 kilos. “En las de primer parto -agregó- sí o sí se hace destete hiperprecoz (30 días) para que puedan recuperar condición corporal y volver a preñarse”. Y también en la vaca CUT (criando último ternero), para apurar el engorde y venderla al final del verano.
En el resto de las hembras, cuando la condición corporal lo permite, además se usa el destete temporario, colocandole al ternero un destetador e impidiéndole mamar durante 10 días para que la madre vuelva a alzarse y se preñe. “Se calcula que la cría deja de ganar un kilo por día, pero se gana en la preñez de la vaca”, detalló la veterinaria Ivana Diruscio. Incluso esta técnica “demanda menos hora-hombre que el precoz y menos costo para el productor”, agregó.
Por otra parte, el manejo del pasto natural y el uso de Grama Rhodes, que se pastorea moderadamente en verano y se deja como reserva en pie para el invierno (no se fertiliza ni se hacen rollos, pero se controla el renoval), no sólo permite mejorar la alimentación para preñar más vacas sino que también permite elevar las cargas y obtener más kilos de carne por hectárea.
En La Palmira, destete y alimentación son dos variables que contribuyen a un mismo fin: mejorar el estado corporal de la hembra para preñarla cuanto antes. “Están muy interrelacionadas”, dijo el agrónomo; mientras que la veterinaria recordó cómo durante la sequía “hemos visto que le sacamos el ternero a una vaca que al mes había recuperado medio punto de condición corporal; sin pasto, sólo por sacarle el ternero”. Para Iberlucea “el equilibrio entre condición corporal y porcentaje de destetes precoces que tengamos que hacer es el desafío para lograr buenas preñeces sin que compliquemos demasiado el manejo”.
Hay que superar las prácticas tradicionales
Según explicaron los profesionales de La Palmira, en la zona se practica una “ganadería tradicional” y la falta de manejo de muchos productores es notable. “Trabajan con servicio continuo -observó la veterinaria Ivana Diruscio- y muchos ni siquiera saben cuantos terneros les producen sus vacas”.




