[05-05-2006 07:02:38] La carne de cerdo es la sustituta por excelencia de la vacuna por sus similitudes. La actividad es rentable, pero hay que refundarla por la reducción de años anteriores.
"La producción porcina actualmente tiene una facturación anual de más de 1.500 millones de pesos y desde la cadena se abonan 400 millones de pesos en carácter de impuestos."
Las carnes sustitutas están ganando espacio en las mesas de los argentinos, potenciada en parte por la suba del precio de la hacienda en pie y su traslado a las góndolas.
Ante este escenario, el futuro se presenta promisorio para la producción porcina, cuyos cortes aportan similares proteínas y vitaminas que los de los vacunos y es una variable para la dieta alimentaria. Además, se prevé un mayor consumo, que es bajísimo en la Argentina en comparación con otros países. Actualmente se comen menos de ocho kilos de carne de cerdo fresco y chacinado por habitante/año, mientras que en Europa se consumen 40 kilos anuales per cápita. Las proyecciones indican que en cuatro años, el consumo en el país será de 10 kilos anuales.
Esta realidad tiene explicación y hay que buscarla en los inicios de la actividad. La cría de cerdos siempre se desarrolló como un complemento de la agricultura debido a que el principal alimento del animal es el maíz. “La mayoría de la producción surgía de la suma de miles de pequeños productores, especialmente concentrados en la zona núcleo pampeana, que necesitaban incrementar sus ingresos y lograban ese objetivo a través de la transformación de grano en carne porcina”, explicó el veterinario Jorge Brunori, de la estación experimental Marcos Juárez del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
En la actualidad, y desde hace unos años, las condiciones macroeconómicas para la producción porcina mejoraron considerablemente, fruto de la fuerte devaluación de la moneda argentina lo que significó un encarecimiento del cerdo importado y el consiguiente mejoramiento de los precios internos en términos reales.
“El sector tiene posibilidades de desarrollo, pero para lograrlo se debe trazar un plan de largo plazo y tiene que haber estabilidad fiscal y normativa”, consideró Ricardo Osella, presidente de Confederación de Asociaciones de la Tercera Zona (CARTEZ).
Puntualmente, el dirigente hizo referencia a la necesidad de planificar la actividad por un período entre ocho y 10 años, al compromiso de no poner retenciones y al trabajo conjunto de productores y el gobierno para promocionar los cortes porcinos a fin de incentivar el consumo interno y colocarlos en el exterior, caso contrario se saturaría el mercado nacional. “Tampoco tienen que ser la moneda de cambio de otro acuerdo”, agregó.
Por su parte, Daniel Urcía, director de la Asociación de Frigoríficos e Industrias de la Carne (AFIC) consideró que la actividad debe despegar porque es el sustituto de la producción bovina. “Es inconcebible que en ocho meses, tiempo que lleva el problema de la carne, no hayan disminuido el 21 por ciento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), equiparándolo al de los vacunos que es 10,5 por ciento”, agregó.
El especialista del INTA, en tanto, sostuvo que “el país se encuentra ante la situación de “refundar” la producción porcina, una actividad que actualmente tiene una facturación anual de más de 1.500 millones de pesos y desde la cadena se abonan 400 millones de pesos en carácter de impuestos y la producción primaria participa en 0,5 por ciento del PBI del país”.
Además explicó que desde el punto de vista social es una importante generadora de ocupación, ya que la relación de personal ocupado por cada millón de pesos facturado es de 60 personas. En ese sentido, genera alrededor de 25.000 puestos en forma directa y emplea a 1.500 profesionales, según datos de la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP).
El gobierno no ignora el potencial de la actividad y está realizando algunas acciones para incentivarla. La semana pasada, por ejemplo, junto a la AAPP realizaron una jornada de trabajo a fin de aumentar el rendimiento comercial en la res porcina. Puntualmente, se difundieron técnicas de desposte para las medias reses porcinas entre los gerentes de las principales cadenas de supermercados y jefes de carnicerías. Asimismo, se analizaron los distintos cortes con la idea de distribuir equitativamente su costo y lograr un aprovechamiento óptimo del producto.
También se está trabajando para financiar la promoción del consumo, lo cual se realizará a través de un fondo desde la Asociación, al cual aportarán voluntariamente los productores a razón de 0,40 pesos por animal faenado que será destinado a difundir las particularidades de la carne.
Retrocesos y avances
La producción porcina tuvo oscilaciones en los últimos años. La casi totalidad de los cerdos del país estaban en establecimientos menores a 300 hectáreas, con una media que no superaba las veinticinco madres y aproximadamente el 80 por ciento concentrados en dicha área, según el censo agropecuario de 1988.
“Esa situación se mantuvo por muchos años sin grandes cambios en los sistemas de producción, con períodos de crisis y de bonanza hasta prácticamente comienzos de la década del 90. A partir de la convertibilidad y apertura de la economía, los cambios macroeconómicos afectaron drásticamente a muchas actividades productivas dentro y fuera del sector agropecuario, pero la actividad porcina fue una de las más afectadas. Esto tuvo que ver, fundamentalmente, con el cambio estructural de los precios relativos que se produjo en la economía a partir de la convertibilidad”, recordó Brunori.
Ese cambio de precios relativos fue altamente desfavorable para la producción porcina ya que, por un lado, el ingreso real del productor (capacidad de compra minorista que le otorgaba la venta de un kilo de cerdo) cayó a menos de la mitad del valor que tenía en la década anterior y por otra parte, la suba del precio en dólares significó que cuando el cerdo superó un dólar el kilo (junto a la apertura de la economía) aparecieran gran cantidad de competidores externos, ofreciendo el producto al comercio e industria nacional, poniendo a su vez a competir a los productores argentinos (con sistemas de producción tradicionales de baja eficiencia) con los del resto del mundo con sistemas modernos, de alta productividad y, en algunos casos, recibiendo importantes subsidios en sus costos de producción, según resumió el veterinario del INTA.
La consecuencia lógica de esta situación fue una gran crisis productiva que experimentó el sector en el período de la convertibilidad, evidenciada por la salida de miles de criadores, fuerte reducción del stock y la oferta nacional y por ende, incremento de las importaciones que pasaron, de ser insignificantes hasta comienzo de esta década de los 90, a abastecer casi la mitad del consumo nacional al final de la misma.
En los últimos años la reducción fue importante. Hasta el censo nacional agropecuario de 2002 había un rodeo de 2.100.000 cabezas, un 40 por ciento menos que en 1988 cuando se contabilizaron 3.340.000 cerdos. “Esta reducción en provincias como la de Córdoba, que junto a la de Santa Fe y Buenos Aires representan el 66 por ciento del stock nacional, fue aún más profunda registrándose 509.000 cabezas, lo cual comparado con el censo del año 1988 (1.060.000 cabezas) representa una caída cercana al 52 por ciento”, señaló Brunori.
Radiografía de Córdoba
El número de frigoríficos provinciales que faenan tanto para la elaboración de productos como la venta de cortes es importante y la lista está encabezada por La Piamontesa (Brinkmann), Alimentos Magros (Justiniano Posse), Frigorífico Sudeste (Bell Ville) y Frigorífico Regional Colonia Tirolesa, entre otros.
En Córdoba se faenan anualmente 487.000 cabezas aproximadamente, se producen 45.000 toneladas de carne porcina, con una tasa de extracción del 95,6 por ciento. Según datos del Área Economía, Estadística e Informática del INTA Marcos Juárez cuenta con alrededor de 4.295 productores, un 55 por ciento menos que en el año 1988, de los cuales el 62,4 por ciento (2.682 productores) posee menos de seis madres y el 35,4 por ciento (1.519 productores) entre seis y 100 madres y solamente el 2,2 por ciento (94 productores) cuentan con más de 100 madres.
En el sudeste cordobés, puntualmente en los departamentos Marcos Juárez y Unión -dos de los más importantes productores de cerdos de la provincia- se pasó de 469.000 cabezas a fines de los 80 a 142.000 cabezas, lo que representa una reducción cercana al 70 por ciento, de acuerdo a los datos de la Estación Experimental de Marcos Juárez.
Esta situación se repite en provincias como Santa Fe, que actualmente cuenta con 427.000 cabezas y Buenos Aires con 536.000 animales, constituyéndose esta última como la provincia con mayor cantidad de cerdos. El ranking de la producción porcina también está compuesta por Misiones con 135.000 cabezas, Santiago del Estero con 116.000 y Chaco con 109.000.
Por su parte, un grupo de investigadores del Programa de Salud Porcina de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) trabajó sobre el planteo de que la producción de cerdos es viable para productores de la zona sur que están en una situación económica comprometida. El resultado de la iniciativa, dirigida por el veterinario Arnaldo Ambrogi, fue que la mayoría de los pequeños y medianos establecimientos de la región se enfrenta a un proceso de fuerte descapitalización.
No obstante, la contracara es que la actividad requiere una mínima inversión inicial y genera valor agregado para los granos, aunque demanda de mucha mano de obra.
Futuro prometedor
Las perspectivas actuales de la producción nacional avizoran posibilidades más alentadoras, dado que en la actualidad el precio de los cereales y oleaginosas se han estabilizado en una situación más favorable para la actividad, mientras el precio del cerdo continuó mejorando en el período pos devaluación hasta alcanzar en este momento los 2,50 pesos por kilo (precio promedio año 2005) e incluso ubicándose en 2,70 pesos.
Si se comparan esos valores con los 1,98 peso que se registró en la última semana del mes de diciembre del 2002, representa un aumento del 21 por ciento en el precio del kilo de cerdo en pie. Esto sitúa actualmente la relación maíz/capón (precio del maíz 0,24 pesos por kilo, precio del cerdo en pie 2,50 pesos por kilo) en 10,4 a 1, lo que es muy favorable para el desarrollo de la actividad, según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación (SAGPyA).
En marzo, con la venta de un kilo vivo de capón se pudieron adquirir 10,6 kilos de maíz, un número más que interesante. En cuanto a la relación capón/novillo, se necesitaron 0,979 kilo de novillo para comprar un kilo de capón, 4,1 por ciento por debajo de la registrada en febrero.
Esto se comienza a vislumbrar en la faena nacional que alcanzó el año pasado 2.468.000 cabezas en establecimientos con habilitación del SENASA, lo que representa un aumento, comparado a igual período del año 2004, del 15 por ciento.
El futuro de la producción también está atado al desenlace del problema de la carne. Desde hace más de tres décadas se mantiene el stock de cabezas vacunas, pero el consumo tanto interno como externo creció considerablemente y de seguir así, en el corto plazo habrá inconvenientes para abastecer al país y al exterior, en la medida que se recuperen los mercados internacionales, perdidos a raíz de la suspensión de las exportaciones y los cortes necesariamente ganarán espacio en las mesas argentinas.
Fuente: La Mañana de Córdoba