[26-07-2006 06:51:48] Pese a que todos los años en invierno baja el consumo, los indicadores que brinda el Instituto Nacional de Vitivinicultura se mantienen en un interesante crecimiento.

Pese a que todos los años en invierno baja el consumo, los indicadores que brinda el Instituto Nacional de Vitivinicultura se mantienen en un interesante crecimiento. Si se toma en cuenta el despacho al mercado interno de los distintos vinos de la Argentina, hay un incremento acumulado del 1.1 por ciento. Las principales provincias productoras son testigos de este crecimiento, entendiendo que San Juan tiene un incremento acumulado del 4.54 por ciento y Mendoza del 1.61 por ciento.
Esta situación marca que hubo un cambio importante en las condiciones del consumo interno en el país, que logra frenar su caída luego de que en 2003 tuviera una leve recuperación llevando el consumo anual per cápita de los argentinos a 33.68 litros. Después de esto se produjo una gran disminución, y el consumo en la Argentina tocó el piso del los 29.18 litros anuales per cápita.
En ese panorama, la situación de los números del vino parece revertirse de a poco. Los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura para el mes de mayo indican que el consumo es de 2.55 litros. Esto, si se proyecta a los 12 meses del 2006, elevaría el consumo a los 30.6 litros.
La situación de la caída del consumo se viene reflejando desde hace muchos años atrás. En los 70, el consumo per cápita a nivel nacional superaba los 90 litros y desde ese entonces se ha venido generando disminución trás disminución.
También tiene que entenderse el contexto en el que se desarrollaba la vitivinicultura de esos tiempos. Por aquel entonces había en la provincia y en el país una gran cantidad de empresas elaboradoras de vinos comunes y el consumo era por demás interesante. El típico “pingüino” en la mesa familiar era una costumbre. Con el correr del tiempo, la cosa fue cambiando y el vaso de vino en la mesa familiar fue reemplazado por otras bebidas.
El contexto familiar y una distinta composición de la familia, de a poco fue llevando a que sus miembros no se reunieran en la mesa tal cual era antaño. A su vez, el vino comenzó a tener competencia de otros productos alternativos. Es por ello que el producto de la industria madre de Cuyo, de a poco fue perdiendo espacios hasta llegar a una situación preocupante.
Una de las cosas a destacar es el vuelco del consumo hacia los vinos de media y alta gama. En muchos casos, el consumidor prefiere consumir eventualmente vinos, pero apunta a tomar varietales. Así lo muestran las estadísticas que indican que el consumo de este tipo de vinos en poco tiempo se elevó de 5 a 8 litros per cápita en el país.
Esto ha llevado a que la situación del consumo se especialice y que muchos que antes tomaban vino sin saber de qué se trata, de a poco comiencen con una super especialización. De hecho, esto se observa en la aparición constante de cursos de degustación y catación de vinos, en los que el número de participantes es cada día mayor.
Con este espectro proyectado, los productores vitivinícolas se encuentran en estos tiempos en una complicada disyuntiva. Hoy la provincia tiene unas 47 mil hectáreas cultivadas de vides, de las cuales no más de 7 mil son varietales. El resto está dividida entre uvas de mesa y uvas para pasas, mosto y variedades comunes. Estas últimas son las que menor cotización tienen por kilogramo, lo que obliga a los sectores productivos a esforzar recursos para encontrar una salida que hasta el momento no aparece; más, si se tiene en cuenta que los vinos comunes cayeron notablemente en su consumo.
Así es que algunos proyectan un pronto final de este tipo de alternativa, cosa que lleva a que en esta industria centenaria en la provincia se tengan que producir vientos de cambio, obligados por la demanda de los consumidores.
Fuente: El Zonda