[01-08-2006 07:27:23] Que San Juan sorprende hoy por la calidad de sus nuevos vinos no es una novedad para muchos, aunque todavía falta un largo camino.

Syrah, noble y dúctil. Superó ya las 3.000 hectáreas y una producción cercana a los 50 millones de kilos. En 1990 había sólo 27 hectáreas cultivadas.
Que San Juan sorprende hoy por la calidad de sus nuevos vinos no es una novedad para muchos, aunque todavía falta un largo camino para lograr la correcta promoción y difusión de su imagen no sólo en el mundo sino en la Argentina, un mercado interno muy interesante para desarrollar, especialmente en los vinos de consumo corriente y que desde el año pasado la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR) viene publicitando con el slogan "Vino Argentino. Un buen vino."
Lo cierto es que para que esto haya cambiado tuvo que ocurrir una gran inversión que se produjo en materia de nuevos viñedos con uvas de calidad y la construcción de bodegas con tecnología de vanguardia para la producción de vinos de alta gama. Acá tuvo mucho que ver la promoción agrícola que desde 1993 trajo el gran cambio revolucionario con nuevos espalderos con el aporte del riego por goteo en lugares donde era impensado el cultivo de la vid, tal es el caso de pedregales de Zonda y Ullum o en médanos de Caucete, por citar ejemplos.
Lo cierto es que hoy hay una producción de uva fina que ha crecido el 500 % respecto a 1990, oportunidad en la que Instituto Nacional de Vitivinicultura realizara el V Censo Vitícola Nacional, que abarcó todo el país. El censo reveló que había 27 hectáreas de Syrah que entregaban algo más de 500.000 kilogramos, una cifra despreciable ante las más de las 3.000 hectáreas que hoy existen en la provincia y que brindaron este año cerca de 50 millones de kilos.
En los últimos 15 años se han erradicado aproximadamente unas 6.000 hectáreas de Cereza, 4.800 hectáreas de Moscatel de Alejandría, 1.000 de Pedro Giménez y 1.400 de Torrontés sanjuanino, las cuatro variedades de mayor importancia en aquella época.
Toda esa superficie ha sido reemplazada por variedades finas de vinificar, tales como Syrah, Cabernet Sauvignon, Chardonnay, Malbec, Merlot, Viognier y Sauvignon Blanc, entre las más importantes. También se sumaron las variedades para uva en fresco y pasas como Superior Seedless, Red Globe, Flame Seedless, Arizul y Sultanina, entre otras.
No sólo hay Syrah.
Sin querer contradecir la opinión de algunos técnicos y expertos periodistas de Buenos Aires sobre que el Syrah ha encontrado su sitio en San Juan para dar los mejores vinos de la Argentina y que es el cepaje emblemático de la provincia, la aparición de Viognier, Bonarda, Cabernet Franc, Tannat, Pinot Gris (Pinot Grigio), Tempranillo y hasta el afamado y renombrado Malbec entre los vinos sanjuaninos marcan que la oferta no se reduce sólo al noble y productivo Syrah. Casar al Malbec con Mendoza, al Syrah con San Juan, al Torrontés con Salta y al Pinot Noir con la Patagonia Argentina, por dar algunos ejemplos, es algo que a nuestro país no le conviene. Argentina tiene 2.000 kilómetros de norte a sur, en los que desarrolla su vitivinicultura con climas, suelos y maneras de trabajar distintas que crean una gama de posibilidades que no tienen otros países.
En vez de hablar de vinos varietales que caractericen provincias, debemos hablar, como dice la COVIAR, de "Vino Argentino". Y es lógico pensar así. ¿O acaso no se ha derrumbado el mito de que los vinos tintos se daban en zonas frías y los blancos en zonas cálidas? La aplicación de tecnología, la inclusión de nuevos suelos al cultivo, etc., están dando los primeros resultados y recién se están escribiendo las primeras páginas de los libros de la nueva viticultura argentina. Por eso, cada año sorprenden nuevas cosas. Como este año, que un Malbec cosechado en pleno mes de enero en una finca de Zonda, emplazada entre los cerros, obtuvo el máximo puntaje de los vinos evaluados de esta cosecha.

Por Hugo Carmona Torres
Fuente: Diario de Cuyo