[22-01-2007 06:25:37] Córdoba es una de las provincias cuyo comercio exterior más depende de China. Esta tendencia puede perjudicar su desarrollo industrial. Aunque otros mercados cobran cada vez más importancia, la suba de las commodites puede reposicionar al gigante asiático como líder.
Aunque probablemente Brasil recupere este año el liderazgo como principal cliente de las exportaciones cordobesas, China todavía es -por poco margen- el principal comprador de Córdoba. Contabilizados nueve meses de 2006, China aventaja a Brasil por un escaso margen entre los destinos de las ventas externas de la provincia. Así, el gigante asiático compró bienes por 450 millones de dólares (12,3% del total) y Brasil por 441 millones (12,2%). Probablemente en el último trimestre la tendencia se haya decantado a favor del socio del Mercosur.
Sin embargo, China sigue siendo para Córdoba un extraordinario cliente y aunque en 2006 hubo una retracción en las ventas, con la suba del precio de las commodities, es muy probable que en 2007 recupere su protagonismo para el comercio exterior de la provincia. El riesgo evidente de la “chino-dependencia” -señalado recientemente a este medio por el economista Carlos Kesman- es un proceso de primarización económica de la provincia, dado el tipo de productos que esta nación demanda.
Además, los riesgos y beneficios de depender de uno o dos grandes clientes ya fueron sufridos en toda su magnitud por Córdoba; el peso del devaluado mercado brasileño en las exportaciones cordobesas durante los 90 prácticamente arrasó con el complejo automotor provincial. Es por eso que resulta saludable observar cómo nuevas economías -pujantes o consolidadas- como Países Bajos, Chile o India tiene un rol cada vez más importante para Córdoba. Entre estos tres mercados concentraban hasta el tercer trimestre del año anterior alrededor del 15,2 por ciento de las exportaciones.
Pero volviendo a las perspectivas para 2007, todo hace presuponer un regreso de China, sino en volúmenes exportados, al menos en valores, dado el aumento de los precios antes citado.
Es claro que Córdoba no puede sustraerse, en términos generales, a la tendencia general de América Latina y si bien hoy, a contramano del resto del país, la provincia es menos dependiente de las ventas a Brasil, su especialización en granos, grasas y aceites y la orientación de su industria metalmecánica hacia mercados europeos segmentados, pone un signo de interrogante hasta qué punto China no seguirá siendo por mucho tiempo el motor principal o uno de los principales motores de las exportaciones provinciales de materias primas y manufacturas de origen agropecuario.
¿Cómo juega China en el comercio internacional? ¿Qué se puede esperar de este país? ¿Es negocio para Córdoba seguir la estela de la soja y los aceites? ¿Cuáles son los riesgos que acechan detrás de este modelo agroexportador? En diciembre de 2006, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) emitió un nuevo documento, en el que se analiza cómo está cambiando la relación comercial entre China y la región latinoamericana. Sus conclusiones son, inquietantes y esperanzadoras a un mismo tiempo.
Pasos de gigante.
La economía china ha crecido a pasos de gigante y hoy es uno de los grandes motores del comercio internacional; para América Latina y la Argentina en particular, el crecimiento chino implica una amenaza y una gran oportunidad. Pero está fuera de dudas que, en general, y pese a algunas excepciones, la integración de China al comercio mundial favorece claramente a la región. Para analizar los efectos del auge comercial chino, la CEPAL realizó un estudio sobre este impacto, analizando los efectos del comercio chino sobre 34 economías, 15 de ellas latinoamericanas.
Los resultados revisten bastante interés, ya que las cifras son relativamente bajas para todas las economías latinoamericanas, salvo México, principal perjudicado en las Américas. En general, las cifras indican que en el mercado estadounidense no hay competencia directa entre China y América Latina. No es de extrañar que los países que exportan principalmente productos básicos enfrenten un menor riesgo de competencia, puesto que China es importador neto de materias primas. Entre las 34 economías estudiadas, las cifras más bajas corresponden a Paraguay, Venezuela, Bolivia y Panamá, es decir, estos países son los menos afectados por la competencia comercial de China. Brasil y Colombia podrían considerarse casos intermedios entre México y la República de Venezuela.
El estudio -firmado por los economistas Jorge Blázquez Lidoy, Javier Rodríguez y Javier Santiso- realiza una comparación entre los países de América Latina con otras economías emergentes, en especial de Asia. “Se observa que, en general, la competencia de China no plantea mayores problemas. Por lo tanto, desde el punto de vista del intercambio comercial podría concluirse que los costos de corto plazo para América Latina, de haberlos, son bastante reducidos. De hecho, en la mayoría de los países latinoamericanos las exportaciones a China han aumentado notablemente. En los últimos años, por ejemplo, China ha sido el mercado de mayor crecimiento para las exportaciones de Brasil”, añade el documento.
Productos básicos.
En América Latina, los cuatro principales productos básicos son: cobre, petróleo, soja y café. Estos bienes representan 66 por ciento de las exportaciones latinoamericanas de materias primas. China absorbe parte importante de ellas, salvo en el caso de las de café. Otro elemento de interés es el hecho de que América Latina es un importante productor mundial de productos básicos. La región genera 47 por ciento de la producción mundial de soja, 40 por ciento de la de cobre y 9,3 por ciento de la de crudo, y a corto plazo la fuerte demanda china constituye una oportunidad para la mayoría de los países de América Latina, que se especializa en la exportación de esta clase de productos.
“De mantenerse esta demanda, lo más probable es que la región se vea favorecida. Sin embargo, cabría esperar una mayor especialización, ya que, de lo contrario, aumentará la dependencia de América Latina de los productos básicos y los países de la región seguirán estando expuestos a los vaivenes de la relación de intercambio”, advierte la CEPAL, la que bien puede aplicarse a la provincia de Córdoba.
La interpretación negativa del fenómeno chino, planteada anteriormente, es que este ha generado un shock transitorio de demanda. A largo plazo, tal como lo predice la teoría económica, la evolución positiva de la economía china y el incremento del comercio mundial beneficiaría a los demás países. Al respecto, el World Economic Outlook (FMI, 2004) presenta dos escenarios alternativos en que se examina la influencia china en el comercio y el crecimiento mundiales. Sin embargo, los resultados deben mirarse con cautela, ya que a largo plazo ambos escenarios muestran efectos positivos en el resto del mundo. La mayor demanda generada por el crecimiento acelerado de China favorecerá a la mayoría de las regiones, aunque en menor medida a aquellas en que la mano de obra enfrenta relativamente más competencia de ese país.
El estudio realiza algunas proyecciones sobre el peso futuro de China en la economía mundial. En el decenio de 1990, China creció a una tasa media de 10,1 por ciento, el mundo a 3,3 por ciento y América Latina a 3,4 por ciento. De mantenerse estas tasas durante los próximos 20 años, China se convertirá en la principal economía mundial, superando con mucho a Estados Unidos.
Por otra parte, en el 2002 las importaciones chinas correspondieron a 4,4 por ciento de las importaciones mundiales. En la década de 1990, crecieron a una tasa media de 16 por ciento, mientras que las importaciones mundiales (exceptuada China) aumentaron alrededor de siete por ciento. De mantenerse estas cifras, en el 2010 un ocho por ciento de las importaciones mundiales corresponderá a China y en el 2020 la cifra se habrá elevado a 18 por ciento.
“Es difícil prever con exactitud cuáles serán los efectos a largo plazo de la participación de China en otras economías y en el comercio internacional. Con todo, sabemos que, en general, ellos serán positivos. Pero también es cierto que podrían ser asimétricos. La competencia china podría beneficiar a algunos sectores y perjudicar a otros. Sobre todo, China tiene ventajas competitivas en los sectores con alto contenido de mano de obra y en estas circunstancias los beneficios potenciales serán menores. Lo contrario sucederá en los sectores con alta densidad de capital”, elucubra el trabajo.
En general, a corto y mediano plazo los efectos del comercio chino en América Latina son positivos, según la CEPAL. En promedio, y desde el punto de vista de los efectos del comercio, América Latina se verá favorecida por la mayor demanda y crecimiento de China. En términos comparativos, como lo subraya el FMI, el único perdedor absoluto será Asia meridional, mientras que en América Latina los efectos en materia de bienestar serán positivos. Por ejemplo, se prevé que hacia 2020 los efectos de la mayor integración de China en sectores como la agricultura de la región serán claramente positivos, con un crecimiento del producto agrícola de cuatro por ciento. En cambio, sin duda, se verán perjudicados sectores como los textiles, así como los países que se especializan en la exportación de manufacturas con alto contenido de mano de obra. Sin embargo, habrá que realizar estudios más detallados, en especial respecto de los efectos del comercio chino en el mercado interno de países latinoamericanos como México, por ejemplo.
En lo que se refiere a las relaciones comerciales, en los últimos diez años China y América Latina han estado empeñadas en profundizarlas. De acuerdo con estadísticas chinas, el volumen del intercambio entre ambos países aumentó de 2.000 millones de dólares a comienzos de la década de 1990 a 15.000 millones en el año 2001.
Efectos no deseados.
No obstante, es posible que una de las consecuencias del rápido aumento de la demanda china en América Latina no sea tan positiva. Ante todo, el incremento cada vez mayor de la demanda de productos básicos desde China ha hecho que los países latinoamericanos acentúen su especialización en estos bienes. Estos se han caracterizado tradicionalmente por una marcada inestabilidad de precios, lo que también podría contribuir a acrecentar la volatilidad de los ingresos fiscales.
Segundo, al intensificar sus vínculos comerciales con China, América Latina ha quedado más expuesta a la evolución de esta economía asiática. En el 2003, los embotellamientos en la entrega de los productos y la demanda de China contribuyeron a elevar los precios de las materias primas y de los productos básicos, pero la industria china está sujeta a vaivenes propios de períodos de bonanza y recesión. Además, en los últimos años han surgido tensiones entre Brasil y China a causa del poder cada vez mayor de este último país para fijar precios en mercados clave para Brasil, como los de mineral de hierro y soja.
Por otro lado, la creciente dependencia china de las exportaciones latinoamericanas también obliga a la región a mantenerse atenta a la dinámica del crecimiento de Asia y China. Otro tema que merece mayor estudio, y que no se examina en este trabajo, es el de las corrientes de capital. Mientras que en América Latina la inversión extranjera directa (IED) tambalea, en China florece. En este país, entre 2003 y 2005 ingresaron semanalmente más de 1.000 millones de dólares de inversión extranjera directa.
La posibilidad de acceder a un enorme mercado interno de 1.300 millones de consumidores ha precipitado a numerosas empresas a invertir en China, no obstante que, en ese país el capitalismo no tiene raigambre sólida en la legislación, la protección de los derechos de propiedad y el libre mercado.
Señala además el estudio de la CEPAL que América Latina está en la mira de las empresas chinas. Hacia el 2001, China había creado más de 300 empresas en la región, con inversiones por más de 1.000 millones de dólares. Posteriormente, el principal fabricante chino de acero, Baosteel, realizó en Brasil la mayor inversión extranjera directa de la historia de China, ascendente a 1.500 millones de dólares.
Por otra parte, a través del grupo Shougang, China controla la principal mina de hierro peruana, posee intereses mayoritarios en un yacimiento petrolífero ecuatoriano y está intentando producir combustible y reactivar las minas de oro en Venezuela. También se espera que China invierta en ferrocarriles y puertos de Brasil y, en general, en toda América Latina. El interés chino por mejorar la infraestructura es grande, con el fin de facilitar el transporte de los productos hasta los puertos. En la Argentina, China se ha comprometido a invertir 25 millones de dólares en un puerto granelero y otros 250 millones en una carretera entre la Argentina y Chile que facilitará la exportación de materias primas argentinas desde puertos chilenos.
Las empresas de América Latina también están buscando oportunidades de negocios en China. Algunas empresas importantes de la región ya se han instalado en Brasil como es el caso de Embraer, fabricante brasileño de aviones, que vende y fabrica en China aviones de propulsión a chorro o de Marcopolo, otra empresa brasileña, fabricante de chasis de autobuses, que piensa montar una planta en el país asiático. Ambas empresas continuaron el camino iniciado por Embraco, que fue el primero en instalar una planta en Beijing en 1995.
Pero más allá de sus efectos en el comercio y las inversiones, es posible que China genere un tercer y último impacto: el efecto cognitivo. El desarrollo económico chino es muy pragmático. Su singular combinación de capitalismo y comunismo despierta creciente interés. El pragmatismo económico de las autoridades chinas también está llamando la atención de responsables de formular políticas en todo el mundo.
El milagro chino no es resultado de un proceso dirigido por un grupo de Chicago Boys, ni producto de una misión Kemmerer. A China no llegaron asesores extranjeros ni gurús del desarrollo económico. Si Jeffrey Sachs asesoró a Bolivia, nunca llegó a China, al menos con sus consejos. La lección que se está desprendiendo del proceso chino es que no existe una fórmula mágica para el desarrollo, ni una clave mágica para concebir un paradigma singular que permita abrir las puertas al milagro del desarrollo.
Por Javier Marín