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Ganadería ovina de excelencia
[04-04-2005 07:00:39] Ricardo Fenton introdujo un sistema de cría de origen australiano que permite lograr objetivos tradicionalmente considerados contradictorios: producir carne y lana fina de óptima calidad
ESTANCIA MONTE DINERO, Santa Cruz.- Desde este rincón de 26.000 hectáreas, lindante con el Estrecho de Magallanes, hace pocos años empezó a expandirse una nueva ganadería ovina. Ricardo Fenton, quinta generación de una familia que hizo punta en los cambios tecnológicos aplicados a la cría de ovinos doble propósito, llegó de Australia convencido de que debía transmitir a los productores de la región lo que había aprendido del otro lado del mundo. Ya su abuelo pensaba que el intercambio de información era más fructífero que la mezquina reserva.
Ricardo trajo bibliografía, la tradujo y organizó días de campo para mostrar lo que consideraba una revolución en la actividad. El salto que propondría iba a cuestionar "los dogmas" a los que adhirieron productores y técnicos desde hace décadas. En principio, quienes difunden el sistema de cría Soft Rolling Skin (SRS) aseguran que no hay contradicción entre producir lana fina de excelente calidad y carne ovina.
"Es como cambiar de anteojos y ver un panorama diferente", grafica Fenton. "En cinco años he visto progresos que no parecían posibles. Cuando dejamos los sistemas de selección por índices los carneros andaban en 23/23,5 micras, con un 64% de rinde, hoy están en 20,5 micras con un 70/73% de rinde, sin haber modificado su peso de vellón, y con un mayor peso corporal. Por otra parte, la incorporación de razas carniceras en una raza lanera es fascinante", explica.
Señales que preocupan
Varias razones lo motivaron a importar esta tecnología de manejo de reciente generación y provocar un quiebre en las tradiciones ganaderas. En su opinión, si bien el sector se repone de la crisis de la década pasada debido a la recomposición de los precios internacionales de la lana y de la carne, y a una mejor situación macroeconómica del país, el mercado de fibras muestra señales que no permiten quedarse muy tranquilo.
"La lana ha perdido terreno en el segmento de fibras que se utilizan para prendas y artículos de uso masivo. El algodón y los sintéticos la reemplazan con ventajas: son más baratas, no pican, son más livianas y toman mejor el teñido. De manera que la lana está redefiniendo su nicho", acota Pablo Borrelli, gerente general de OVIS XXI, consultora licenciataria de SRS para América del Sur, firma que cofundó con Ricardo Fenton.
El ganadero explica que el peso de las telas ha disminuido a menos de la mitad en las últimas décadas, de manera que las lanas cruza fina (de más de 26 micras) han quedado desplazadas del mercado de la indumentaria, situación que se refleja en la diferencia de precios en favor de las lanas más finas y de alta performance en el proceso industrial.
"Si uno quiere salir del commoditie y alcanzar el nicho de las fibras de lujo para la confección de prendas de alta calidad tiene que ofrecer lo que quiere el consumidor", dice Fenton. Claro que no es fácil llegar a esa categoría en la que se compite con fibras sintéticas, en las que cada año se vuelcan enormes inversiones para el desarrollo de nuevos productos, o con fibras naturales como el cashemere o la alpaca.
Por estos motivos Fenton buscó las herramientas para redefinir lo que se considera hoy un animal doble propósito. "Los australianos consideran que para ser competitivo en lana tenés que estar por debajo de 21 micras; en la producción de carne, los ganaderos neocelandeses superan el 135 por ciento de señalada mientras que los Corriedale de acá, en las mejores condiciones, alcanzan entre el 80 y el 110 por ciento de señalada".
Ya su abuelo, en los años sesenta, apoyado en el asesoramiento de genetistas, desarrolló la raza Corino, con la intención de mantener la producción carnicera del Corriedale pero afinar las lanas. Entonces se veía que las lanas Merino más finas, suaves y versátiles alcanzaban marcadas diferencias de precios. "Creían que se había vuelto loco", recuerda Fenton. Su abuelo logró progresos en los primeros cuatro años. Después llegó a un techo. "Podemos decir, con cierta libertad, que la genética cuantitativa funciona en la producción de carne pero no en la lanera. Tenemos 25 años de experiencia para afirmarlo", agrega.
Base científica
El sistema de cría SRS se basa en los conocimientos sobre la biología de la piel de los animales con vellón. Los australianos Jim Watts y Ken Ferguson diseñaron un sistema de selección teniendo en cuenta que la densidad y finura del vellón están asociadas a pieles finas y lisas (por el contrario, los animales de pieles arrugadas y gruesas -según pudieron comprobar- normalmente tienen folículos primarios más gruesos y baja densidad).
Para lograr lanas SRS ("que se diferencian de las tradicionales por su aptitud para el procesamiento y la confección de prendas de alto valor") se seleccionan animales cuyos altos niveles de densidad y largo de fibras son indicados por las agrupaciones que componen los vellones.
"En la producción de lana siempre se prestó atención al producto y no a la fábrica, que es la piel", explica Fenton.
La ventaja principal de esta propuesta -admiten quienes la promueven- es que es posible aumentar el peso del vellón y al mismo tiempo reducir el diámetro de las fibras, objetivos que usualmente fueron considerados contradictorios.
"Mientras que un animal tradicional tiene en promedio unos 55 folículos de lana por milímetro cuadrado de piel y un crecimiento anual de lana de 70-90 milímetros, los animales SRS tienen al menos 85 folículos por milímetro cuadrado y fibras de al menos 120 milímetros. Los animales tradicionales tienen un vellón con mechas marcadas, mientras que los animales SRS muestran agrupaciones (grupos de fibras que crecen perfectamente alineadas). Las lanas SRS se distinguen por tener un rizo amplio y profundo, color blanco y un lustre llamativo", detalla Borrelli.
En Australia, Nueva Zelanda, Argentina y Chile se producen por año un millón de kilos de lana SRS, de los cuales 25.000 kilos son de diámetro inferior a 16 micrones. Estas fibras se destinan a los segmentos más sofisticados de la industria textil.
Por Analía H. Testa
Fuente: La Nación